Siento, quiero, demuestro

Publicado por en may 19, 2015 en Blog | Comentarios desactivados

Siento, quiero, demuestro

En cualquier faceta de la vida, lo que realmente siento es lo que provoca lo que realmente hago.  Pero lo que hacemos no siempre esta cargado de razón, mejor dicho, no siempre lo que hacemos es el resultado de lo que realmente queremos. Aunque el fondo de la acción tenga una dirección clara, ésta depende de algunos factores que hacen que nuestra razón pierda el sentido.

Es cierto que uno de mis hijos no tiene buenas notas académicas, por eso hablo con él, le facilito alguna ayuda extra si es que la necesita, le animo y estoy atento a su desarrollo. Por el contrario, mi otro hijo es excelente en sus estudios, dieces y matrículas de honor durante diez años consecutivos, pero este último año “sólo” ha obtenido un par de sobresalientes y algún notable. Hablo con él, le facilito alguna ayuda extra si es que la necesita, le animo y estoy atento a su desarrollo.
Al primero le animo porque sé de su esfuerzo para conseguir sus objetivos, mientras que al segundo le animo porque sé de su esfuerzo para seguir creciendo. A ambos trato de transmitir la experiencia y sabiduría que le han aportado todos estos años.

Les quiero, aunque a pesar de lo dicho anteriormente, reconozco que les he regañado alguna vez.

Sin embargo, hay una cosa que tengo clara en mi familia, que es mi equipo: después de saber el esfuerzo y la implicación de cada uno de ellos por alcanzar sus objetivos y hacer que nos sintamos orgullosos, es inviable, sin sentido e incoherente que cambiemos de opinión radicalmente.

Lo que hemos aplaudido, deseado, querido, agradecido, reconocido e idolatrado, no podemos criticarlo de repente sin pensar que somos un equipo, que todo no depende solo de uno. No podemos olvidar jamás que los éxitos que ha conseguido uno a nivel personal han influido positivamente en el equipo. Es más, no podemos pasar por alto que, a pesar de que uno ha conseguido todo lo que tantos hemos deseado, también es persona, se equivoca y tiene limites. En ese momento justo es cuando no podemos abandonarlo. Precisamente cuando las cosas no son como uno quisiera es cuando más fuertes hay que estar y más hay que apoyar. Recientemente vivimos un ejemplo de olvido colectivo en el Bernabéu. Íker se llevaba una monumental pitada, sin razón, ante el Valencia CF. Sus seguidores olvidaban de un plumazo todo lo vivido junto al guardameta, se olvidaban de todos los años de éxitos y glorias. Por desgracia es sólo un ejemplo entre los cientos que ocurren en este mundo del fútbol.

El caso de Iker es, volviendo al símil de la familia, como decir que ya no queremos a nuestros hijos cuando cumplen la mayoría de edad, a pesar de haberlos criado y haber disfrutado con ellos. Es pensar que, como ya tienen independencia, ya hemos cumplido nuestro papel. Pues NO. Mi equipo será siempre mi equipo hasta que me muera y los componentes de mi equipo estarán siempre a salvo de los intereses personales de ciertas personas o grupos que olvidan que mi familia, mi equipo, tiene su árbol genealógico que hace que nosotros existamos, y que si no lo reforzamos con nuestras acciones, ese equipo se romperá, abandonará y seremos menos para defenderlo.
De no ser así habremos fracasado como padres, como equipo, como familia y como afición. No podemos aplaudir una matrícula de honor y silbar un notable unos minutos, horas o días mas tarde, porque quizá ese notable viene dado porque esa persona ha tenido que estar más pendiente de los otros miembros del equipo que de él mismo. Y eso se llama compañerismo, se llama familia, se llama equipo, se llama agradecimiento.

Ésta es mi reflexión sobre lo que siento, quiero y demuestro. Por todo ello, gracias a todos los que compartís este punto de vista. Y, por supuesto, sin saliros de vuestras Casillas
.

468 ad